En líneas generales, ¿cómo se forma un presbítero?

Cuando un joven experimenta el paso de Dios por su existencia a través del llamado a vivir como presbítero su vida cristiana para ponerse al servicio de la comunidad como oyente, anunciador y testigo de la Palabra, como presidente de la celebración litúrgica y discípulo y maestro de la vida espiritual y como pastor que ejerce en el amor el cuidado pastoral de Jesucristo, único Buen Pastor, recibe, de la Iglesia, la oferta de un proceso formativo que permite al Espíritu Santo la construcción en él de un nuevo ser, de una nueva personalidad que reproduce la vida y la misión de Jesucristo para asegurar su presencia salvífica en la historia. A partir de la lectura atenta del proceso formativo de Jesús con sus discípulos tal como aparece en el testimonio evangélico y a partir de la rica experiencia milenaria de la Iglesia, el proceso formativo para la vida presbiteral ha ganado forma, contenido y expresión. Hoy existe en la Iglesia una conciencia más clara de las dimensiones de la persona que están implicadas en la formación. Las dimensiones, aunque son muchas y cada una posee un ritmo propio, no son realidades yuxtapuestas sino aspectos perfectamente integrados que replicas relojes propician, a su vez, un desarrollo integral en función de la propuesta formativa hacia el presbiterado. Es importante señalar, entonces, que las dimensiones de formación no se relacionan entre sí de cualquier manera, sino cada una desde su propia naturaleza. Esta idea ilumina muy concretamente la tarea formativa.

 

La vida formativa del futuro presbítero es integral y busca alcanzar, mediante la consolidación plena de la persona y la acción armónica de las diversas dimensiones (humana y comunitaria, espiritual, académica y pastoral), dar razón de la propia esperanza (Cf. 1ª Pe 3,15) y gestar en lo íntimo del candidato el corazón de pastor (Cf. Jn 10,1-10; 1ª Pe5, 1-4) a través de las cuatro dimensiones formativas (Cf. PDV 43-59) en un completo y sano equilibrio: dimensión académica, dimensión pastoral, dimensión comunitaria, dimensión espiritual. La dimensión espiritual. Es el alma de la propuesta formativa. Es el eje en torno al cual giran los demás elementos. Cada una de las etapas del proceso formativo debe proponer al joven candidato metas espirituales específicas. La vida espiritual del formando no es una parte más, sino el elemento central, el que define y cualifica la vida formativa. En la dimensión espiritual de la formación se encuentra el sustrato que configura al candidato con Jesucristo, sumo y eterno Sacerdote. Tal como lo afirma explícitamente el Papa Juan Pablo II en Pastores Dabo Vobis 45, "así como para todo fiel, la formación espiritual debe ser central y unificadora en su ser y en su vida de cristiano, o sea, de creatura nueva en Cristo que camina en el Espíritu, de la misma manera, para todo presbítero la formación espiritual constituye el centro vital que unifica y vivifica su ser sacerdote y su ejercer el sacerdocio”.

Para una mayor profundización de las dimensiones de formación en las que se forman nuestros candidatos al sacerdocio puedes buscar mas información en las pestañas del menú superior de nuestra pagina web.